¡No hay nada más valenciano en el mundo que una buena paella! Y, si nos ponemos, no hay casi nada que sea tan español. Pero la paella no es arroz con cosas: si lo fuera no sería uno de los platos más internacionales que ha salido de nuestros fuegos patrios.
No hay extranjero que no aproveche su visita a la Piel de Toro para encargar una buena paella en un chiringuito, una terraza o un mesón. Bueno, y eso de buena no siempre… ¡Que se lo pregunten a los chicos de Wikipaella!
Porque este grupo de valencianos ha desatado una auténtica cruzada
contra las aberraciones que se sirven en muchos locales a turistas despistados.
Tanto la han liado que hasta su petición al mismísimo WhatsApp para incluir un emoji paellil ha calado hondo en Silicon Valley y ahora se usa en todo el mundo
junto a clásicos básicos como el unicornio o la bailaora de flamenco. Eso sí, la
versión emoji viene con guisantes de serie… Epic fail!
Porque hay algo que es sagrado: una buena
paella no puede llevar guisantes. Nunca. Jamás en la vida. Antes que implosione
el universo o que Leticia Sabater gane una Medalla de Oro de la Royal Philarmonic Society con la canción del verano (que a efectos prácticos viene a
ser lo mismo).
Porque una paella con guisantes no es una paella:
es un arroz con cosas. Y otra cosa no, pero con eso los valencianos son muy
exigentes y cabezones… Y os lo digo yo, que soy valenciano i molt cabut.
Y
entonces… ¿Qué debe llevar una buena paella?
Guisantes…
¡nunca!
La primera en la frente, lo sé, y llamadme
cansino por recalcarlo pero es un asunto de vital importancia. No mancillemos
el buen nombre del arroz estrella de esta nuestra Comunidad Valenciana con esos pequeños
circulitos blandengues pintados de esperanza. Que para una ensaladilla rusa
están muy bien (o no, a lo mejor el
Dimitri de turno nos condenaría a la hoguera por la frase anterior, y yo Moscú
la verdad es que no la he pisado nunca), pero en un paellero jamás de los jamases. Porque en una buena paella, como en la vida, todo lo que no es necesario sobra.
Un
caldo de categoría
Y cuando digo caldo, digo caldo de verdad,
del hecho en casa, del que podría competir con el de tu abuela si tu abuela
tuviera 60 años menos y no supiera tanto de la vida. Nada de bricks, pastillas
de Avecrem ni sucedáneos varios: el caldo se hace poniendo huesos de pollo y verdura de la terreta en agua hirviendo,
dejando reposar y añadiendo sal al gusto. Ché, qué bó!
Arroz
bomba
Ni basmati, ni largo, ni corto ni perezoso:
el arroz es la base de una buena paella y debe ser bomba. Si es de la Fallera, mejor, que es el de toda la vida y, como reza su claim, “el preferido por los
valencianos”. Este arroz absorbe todo el sabor del caldo para que cada bocado
sepa a verdura, a carne y a mediodía dominguero en la mismísima Malvarrosa.
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| Los de la Comunidad Valenciana lo sabemos bien: nada de Paellador, la paelleta de la terreta se hace en casa con arroz La Fallera y mucho amor. |
Garrofón
del bueno
Actor de reparto, sí, pero imprescindible en
el plato. Y no, no lo confundáis con alcohol malo de garito playero, no vayamos
a perder la cabeza y la entereza gastrointestinal por una mala letra capaz de
cambiarlo todo. El garrofón, con o entre la r y la f, es a la paella lo que el
orégano a la pizza: si está a lo mejor ni te das cuenta, pero si falta lo echas
de menos.
Azafrán
Ya que nos ponemos, vamos a hacer las cosas
bien. Olvídate de los polvitos mágicos que te vende la señorita Carmencita en
ca’ Mercadona y pilla unas buenas hebras de azafrán, que si Dios dijo que el
domingo no se curraba y aún así tú te curras una buena paella en día de
guardar, por lo menos hagamos que pecar valga la pena.
Y eso es casi todo. Porque con esos
ingredientes y cuatro cosas más que te explicaré en el próximo post, una tarde
soleada y a poder ser una terracita con vistas al mar, te marcarás una paella
para chuparse los dedos capaz de sacar una expresión de júbilo al mismísimo
Chuck Norris en un día malo. Bon profit, y recuerda siempre... ¡arroz con cosas no es paella!


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